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Peguismo Acosador: entre lo Malo y lo Triste.

Autor:
Erika Brockmann Quiroga

País del autor:
Bolivia

Descripción del recurso:

"Se debe acabar con los busca pegas… No tengo ningún miedo de decir al pueblo que esa es nuestra debilidad" puntualizó enfática y elocuentemente el Presidente, jefe del MAS en ocasión de su VI Congreso Ordinario. El peguismo ocupaba parte de la agenda congresal, entre otros temas de importancia para el país y otros inquisitoriales que concluyeron con la expulsión de dos parlamentarios insumisos a la hora de hacer públicas sus reclamaciones. Al día siguiente, las bases masistas desoyeron el elocuente pedido anti pegas del presidente para afirmar que “las organizaciones sociales tienen todo el derecho de pedir espacios pero no de manera individual” o dicho de otro modo que tienen derecho a cuotas corporativas de poder.

¡No señor presidente!, el reconocer esta debilidad particular hace parte de una espontánea, sincera pero ingenua declaración. Al ser el MAS partido conductor absoluto del gobierno no podrá librarse de este mal crónico que termina siendo una pesadilla para cualquier autoridad o equipo que desee cumplir a cabalidad sus responsabilidades gubernamentales.

Y sin empacho la califico de pesadilla porque el peguismo tiene múltiples explicaciones que desnudan las miserias de un caudillismo político, sindical o del movimientismo social mal entendido, de militancias oportunistas sin convicción que se arriman al dirigente con mayores influencias y capacidades para avalar y conseguir mas memorandums para su clientela a la que le exigirá devolver favores a tiempo de ser ratificado como dirigente independientemente de sus virtudes o malas practicas.

No faltan en esta lista, los militantes sinceramente comprometidos con su proyecto político de cambio que consideran un derecho acceder al ejercicio de cualquier cosa dentro del aparato publico; de hombres y mujeres, con y sin meritos, con buenas y poco honestas intensiones, desesperados por mantener o acceder al menos un tiempo a un trabajo de ingresos medianamente estables que otorga un periodo gubernamental.

Verá usted Presidente, que mas allá del discurso, la disputa por el peguismo enfrentará a sus dirigencias, fomentando divisiones internas y las destrezas para descalificar descarnadamente política y humanamente a los eventuales competidores, sin importar su idoneidad ni capacidad para el ejercicio de una u otra función.

Estas cotidianas manifestaciones no tendrán fin. Desde las practicas perversas de quien arma redes de “recaudación” fomentando la corrupción ¡ojo con ellos!, amiguismos y favoritismos solidarios y de todo estilo, hasta dramas familiares y humanos frente a los cuales es imposible mantener la frialdad e indiferencia; para no mencionar la desesperación silenciosa de mujeres que se embarazan o inventan embarazos para al menos prolongar por un tiempo la amenaza del despido inminente.

Y esta cruda realidad lo acompañara mientras el MAS sea gobierno y entre tanto su bancada política, red de dirigentes de organizaciones sociales y del aparato partidario que lo sustenta en las regiones entiendan que su peso político depende y dependerá de prodigar favores a una clientela insaciable. Sucederá mientras campeen el desempleo, la precariedad laboral, los reducidos ingresos y carencia de empleos estables que el sector privado aún no puede generar.

Y de la necesidad humana, real y crónica, el peguismo termina sumándose a los ingredientes de una cultura política que discurre entre el clientelismo, la prebenda, la degradación e incapacidad de la función publica, debilitando al Estado que su proyecto anti neoliberal y “descolonizador” desea potenciar. Al final, es la pobreza que alimenta estos círculos nada virtuosos pero perpetuos que colonizaron el alma de la práctica política cuando se accede al poder gubernamental.