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Palabras de Ken Wollack, presidente de NDI, sobre el fallecimiento de Gerardo LeChevallier

Gerardo LeChevallier, ex director de NDI para América Latina y el Caribe

Estimados Amigos y Colegas:

Ayer, la Organización de las Naciones Unidas confirmó lo que todos temíamos – que Gerardo LeChevallier, ex director de NDI para América Latina y el Caribe, falleció al colapsarse la sede de la ONU en Puerto Príncipe.  Gerardo, quien encabezó las unidades de la ONU para asuntos políticos y elecciones desde su salida del Instituto en 2004, había sido reportado como desaparecido después del terremoto del 12 de enero.

En sus seis años con la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), Gerardo, oriundo de El Salvador, se convirtió en uno de los mayores expertos sobre Haití en el mundo – profundamente comprometido con el pueblo haitiano y la promoción del desarrollo democrático en esa nación caribeña.  Tristemente, Haití necesita el compromiso y liderazgo de Gerardo más que nunca para ayudarle a resurgir de su devastación y renovar sus esfuerzos para construir instituciones de gobierno democráticas y estables.  Gerardo será extrañado tanto en Haití como por la legión de amigos y admiradores que tenía alrededor del mundo.

NDI tuvo la fortuna de beneficiarse de la experticia de Gerardo durante 10 años, primero como director residente en Haití, Paraguay y Bosnia, y después como el director regional para América Latina.  Sus contribuciones, sin embargo, comenzaron antes de su historia laboral con el Instituto, ya que participó en la delegación de NDI en las históricas elecciones chilenas de 1989.  Para Gerardo fue natural, como estudiante de transiciones democráticas, aprender directamente cómo el pueblo chileno pudo librar obstáculos enormes para iniciar una transición pacífica y democrática del poder.  Algunos años después, Gerardo jugó un papel vital en la transformación política de su propio país.
Ya antes de 1989 Gerardo había ejercido diversos cargos en el gobierno salvadoreño, incluyendo director de turismo y secretario de información para los presidentes Álvaro Magaña y José Napoleón Duarte.  Más tarde fue elegido como diputado a la Asamblea Legislativa de El Salvador de 1991 a 1994 y como diputado al Parlamento Centroamericano de 1991 a 1996.  Gerardo fue uno de los negociadores claves en los Acuerdos de Paz de El Salvador que dieron punto final en 1992 a la guerra civil que afectó al país por 12 años.

Gerardo vivió y respiró la política.  Probablemente no hay otra persona que comprenda mejor las oportunidades y retos para la democracia en el hemisferio, o la dinámica política en cada país en las Américas, o que tenga una red de contactos más amplia en la región. Para Gerardo, la democracia y la política no fueron conceptos teóricos o deportes para espectadores – practicó ambos, a veces a costa de un gran riesgo personal.  Sin embargo, su humor estaba siempre patente, especialmente en la “pared de la fama/vergüenza” en su oficina, donde las fotografías de líderes políticos no muy democráticos se encontraban de cabeza entre lo que parecían cientos de fotografías que mostraban a Gerardo sonriendo mientras estrechaba la mano de sus colegas y héroes de la democracia.

Gerardo fue un personaje extraordinario que vivió su vida al máximo y atrajo legiones de admiradores a su órbita.   Él creía en el adagio de que uno no puede tomar distancia y ser efectivo.  Gerardo se movía cómodamente entre presidentes y se sentó a la mesa durante negociaciones políticas de alto nivel, pero acumuló seguidores entre gente joven especialmente, quienes vieron en él a un amigo, un mentor – alguien de quién podían aprender por su ejemplo, que influenciaría sus carreras y cambiaría sus visiones sobre la vida.  Entre los miembros jóvenes de su equipo, Gerardo era conocido como un jefe empoderador, cuya respuesta a un cambio de estrategia o el enfoque de un proyecto era más frecuentmente “¿por qué no?” que “¿por qué?”  Gerardo inspiró a otros a seguir sus sueños.

Probablemente su generosidad y optimismo contagioso estuvieron entre las características más llamativas de Gerardo; él siempre buscó el lado positivo, siempre ofreció ánimo y un punto de vista positivo.  Gerardo fue un soñador valiente que se consagró a la difícil y a veces desordenada arena de la política práctica, poniendo por delante su idealismo, convirtiéndose en el blanco de las flechas de la vida política.  No es de sorprender que le llamaran “El tigre” por su dedicación tenaz y sostenida a la causa democrática, contra la injusticia política, por hacer del mundo un mejor lugar.

Jim Swiger, el director actual de NDI para América Latina y el Caribe, y yo vimos a Gerardo por última vez en Puerto Príncipe en septiembre.  Lo vimos feliz con su vida profesional y personal.  Estaba donde quería estar.

NDI da su más sentido pésame a la familia de Gerardo.  Aquí siempre honraremos su pasión por la vida y las causas justas.

Ken Wollack
Presidente
Instituto Nacional Demócrata (NDI)

1 de febrero de 2010

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Ciertamente una gran perdida

Ciertamente una gran perdida humana y profesional, un ejemplo de vivir LA PRACTICA DEMOCRATICA Y LA SOLIDARIDAD SOCIAL, que este esfuerzo no quede allí, sino continue en la memoria de los servidores internacionales en HAITI, pues queda todo por reconstruir, desde la democracia misma hasta lo mas urgente y necesario.